“SOBRE EL PRINCIPITO”
El Principito, es un pequeño libro el cual se debe repetir su lectura al menos una vez, yo lo he tenido que hacer así, y aún he de decir, que hay cosas que no las tengo del todo claras.
Al comienzo, puede parecer un cuento. Después, se va asemejando a un relato poético, en el que se habla de sentimientos, como el amor, la amistad, la belleza, lealtad, o la ternura, y de la soledad.
El autor y narrador de esta historia, Antoine De Saint- Exupery, era aviador. Un día aterriza en el desierto del Sahara, muy alejado de cualquier lugar, su avión tiene una avería que le impide seguir el viaje que tiene previsto. El, nos cuenta lo que sucedió durante su malogrado viaje. Y yo, intentaré resumirlo de la siguiente manera, sin estar segura si es la adecuada.
Esa noche, la primera de ocho más, duerme el piloto sobre la arena del desierto y cuando despierta, le sorprende la presencia de un niño precioso, con cabellos dorados como el sol, que a su lado lo está mirando. Sorprendido por la presencia de tan especial criatura, se incorpora asombrado. Piensa en como llamarlo, y el primer nombre que se le ocurre es… “El Principito”.
El inesperado encuentro le intriga sobremanera y le pregunta, como ha podido llegar a un lugar tan solitario. Él le dice, que viene de un diminuto planeta en el que habita, y que además, tiene tres pequeños volcanes que el mismo limpia, al igual que las malas hierbas de árboles baobabs, que no puede dejar crecer, porque entonces, se comerían a su bella flor, a la que ama profundamente, ella le exige que la proteja del frío con una esfera de cristal, y él obediente, lo hace con sumo cariño.
Un día piensa, que su rosa es muy exigente y vanidosa, sirviéndose del amor que siente por ella, y decide marcharse. La riega por última vez, y la dice ¡adiós!, pero ella no le contesta y arrepentida, le pide perdón, él siente ganas de llorar, pero quiere ser libre.
Decide explorar el universo, y comienza visitando seis asteroides. En cada uno de ellos, solamente habita un hombre. El sexto planeta le sorprende por su gran tamaño y majestuosidad, aunque sólo encuentra un viejo habitante que dice ser geógrafo. Este le recomienda visitar la tierra y así lo hace...
Dice, que llegó volando a ella, pero tuvo que atravesar desiertos, nieve y montañas, en donde solamente escuchaba su propio eco. Después de caminar por mucho tiempo se encontró un jardín lleno de rasas, y con tristeza se dijo. “¡Son iguales a la mía, y ella me hizo creer que era única!”. “Se sentirá humillada” pensó. “Yo me creí rico con una sola flor y ahora veo que hay tantas iguales”. “¡Ya no puedo considerarme un príncipe!”, y sin poderlo evitar, llora.
Se encuentra con una serpiente que le dice, ser más poderosa que el dedo de un rey y le advierte. “A quien toco, puedo devolverle a su planeta. Te ayudare si me lo pides, porque tu eres puro”
También se encuentra a un zorro, que no quiere ser como es, y le pide que le “domestique” él principito no entiende el significado de esa palabra y el zorro le responde. “Crear lazos para hacerse amigos”. “¡Oh, sería maravilloso!” dice el principito. El zorro le habla de afectos y de belleza, que muchos humanos no ven. Llegó el día de la separación y el zorro ya domesticado, se va muy triste. Al decir adiós le confió. Mi secreto es, que las cosas se ven mejor con el corazón, y tu rosa es única en el universo, díselo.
Prodigiosamente, también se encuentra con el aviador, y a partir de entonces, comienza un verdadero sentimiento de amistad entre ambos.
Conversan y cada uno expone lo que piensa sobre lo que les rodea. La hermosura que se puede hallar en todas partes, aunque muchas veces sea invisible.
Los sentimientos van aflorando a medida que lo vas leyendo. El niño no entiende muchas cosas, es dulce y bondadoso, hace preguntas constantemente, muchas respuestas le son incomprensibles, pero él, se da siempre la misma. “¡Qué raros son los mayores!”
Cuenta el principito en cómo, en cada asteroide que visitó, encontró un personaje distinto, casi todos ellos mediocres, porque no daban importancia a lo que realmente la tiene. Sin embargo, padecen los defectos de del ser humano. Como pueden ser la avaricia, la vanidad, la vergüenza, la presuntuosidad, la pereza o el absurdo, entre otros, como el laborioso farolero, que es feliz admirando las estrellas en la oscuridad.
En este cuento, si se puede llamar así, son simples y acertados los argumentos del hombrecito, porque dice, que no siempre los mayores saben lo que deben hacen. “Quizás, se hayan olvidado de que también fueron niños”.
El ejemplo es, un dibujo que el aviador hizo cuando tenía seis años, ningún adulto reconoció lo que representaba, veían un sombrero, pero cuando el principito lo vio, sin dudarlo, supo que era una boa que se había tragado a un elefante.
Pide a su amigo que le pinte un cordero, pero los que dibuja, le desagradan. No sabiendo que hacer el aviador, le muestra una caja, en la que dice estar el cordero dentro. Convencido con la explicación, se puso contento, así lo llevaría con él y comería las plantas dañinas, las que podían herir a su amada, la rosa.
Presintiendo su próximo final en la tierra, el principito se despide de su querido amigo, no quiere que lo vea partir. Le consuela diciéndole, “he de cuidar a mi querida y única flor”. Y se aleja de su lado para siempre. Cuando está solo, un destello de luz brilló a sus pies y desapareció de la tierra. El aviador desolado, no pudo encontrar su cuerpo, pero sí la esperanza de que regresaría.
El precipito, voló desde el desierto a una maravillosa estrella en busca de la rosa, para desde allí, juntos contemplar el Universo.
Eumenia Rodríguez.
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